Sunday, September 27, 2009

La Pawtisserie en la vida de Teodora

A los pocos meses de mudarnos del Viejo San Juan a la calle San Jorge, estábamos Teo y yo en el parque que tenemos frente del condominio donde vivo y se nos acerca una simpática persona para saludar a Teo (ya saben como Teo saludaba) para comunicarme que abriría una tienda de pastelerías para perros y gatos justo al lado del parque.

La persona es Mónica Ferrer y su negocio La Pawtisserie, un lugar que Teo y yo visitamos (y yo continuaré visitando) casi todos los días de la semana y no menos de tres veces semanales. Todos los días, tan pronto salía del Parque, Teodora literalmente me empujaba para llegar a La Pawtisserie, donde Mónica la recibía con una galletita siempre fresca. Cuando el negocio estaba cerrado, Teodora como quiera exigía llegar hasta su terraza delantera para asegurarse que el lugar estaba cerrado. Examinaba el portón de entrada, hacía varios ejercicios olfatiles para ver si descubría a Mónica o sus galletitas por allí y nada, cuando ya estaba convencida (convencer a los bulldogs no es fácil) daba la vuelta conmigo y la recibía con una galletita para consolarla.

La Pawtisserie formó parte de la vida cotidiana de Teo durante varios años y era sin lugar a dudas su lugar favorito. En mi casa siempre tuve los saquitos de papel con galletitas, que enloquecían a Teo cada vez que los sacaba de la nevera para darle una.

Una vez en la tienda era casi imposible sacarla y tenía Mónica que abandonar lo que estuviese haciendo para salir conmigo. Esto fue así desde el primer día que la visitamos hasta el miércoles pasado, 23 de septiembre de 2009, cuando a Teodora casi se le cae el collar porque no quería salir de su paraíso.

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