Sunday, September 27, 2009

El café y Teodora

Teodora casi nunca ladraba, pero siempre estaba presente. Todas las mañanas, mientras preparaba el café, ella asomaba la cabeza por una esquina de la cocina para ver lo que hacía. Aunque se trata de una rutina diaria, Teo siempre miraba con gran curiosidad el ritual, los ruidos y la recompensa del aroma del café en la mañana, lo que esperaba, quizás porque sabía que yo no era capaz de desayunar sin que ella hubiese comido, por lo que antes de tomar el café matutino le llenaba su platillo de comida.


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